Me hace gracia cuando leo que Google+ es una red que sólo se utiliza tres minutos al mes, de media. O que es otro fracaso, o un “fantasma”. Porque quienes así se pronuncian, en ocasiones fuentes solventes o voces autorizadas, es que no han terminado de comprender en qué consiste el nuevo Google. O casi cabría decir la nueva Internet.

Google+ no es una red social. O no como las hemos entendido hasta la fecha. Google+ es un paraguas que integra todos los servicios de los de Schmidt, Brin y Page. De tal forma que cuando haces una búsqueda en Google, estás usando el Plus. Si utilizas su servicio de mapas, también lo estás usando. Si abres un documento desde cualquiera de los espacios web que conducen a la apertura de un Google Doc, también estás en el Plus. Prácticamente, hagas lo que hagas, una vez te has logueado, estás dentro del paraguas. Y el log in en Google es un proceso casi natural tanto para usuarios neófitos, que con su correo electrónico también tienen a mano el chat,  como para usuarios hiperconectados, a quienes resulta difícil resistirse a los cantos de sirena de integrar, en cualquier equipo en el que estén trabajando, sus marcadores, sus aplicaciones en la nube y buena parte de sus archivos.

En las ocasiones en las que, con perdón de quienes de verdad saben del tema, tengo que dar unas pinceladas de SEO, SEM y SMO siempre empiezo con un vídeo de Juan Tamariz, y luego fusilo a preguntas muy sencillas al auditorio: ¿Qué es Internet? ¿Para qué se usa? ¿Qué es la comunicación? El objetivo es hacerles ver que se han acostumbrado a encontrar aquello que buscan en Google, entre los primeros diez resultados, sobre un total de varios cientos de miles posibles. ¿No es magia? Les pregunto. Y cuando responden que sí les contesto que lo parece, pero no, no lo es.

A fin de cuentas, Internet es búsqueda de información, constante, algoritmizada, veloz, voraz, encadenada. Ahora, cualquier usuario logueado en cualquier servicio de Google descubre, incluso de forma fortuita, que puede hacer +1 en cada una de sus búsquedas. Si algo caracteriza al Plus es que su implantación va a ser lenta pero imparable, y en ella el +1 no es más que el ribete de una estructura superior que aporta coherencia a la infinidad de bits que se visualizan como un vídeo en Youtube, una imagen o una noticia. El usuario le podrá llamar como quiera, pero para Google es una variante de su Plus. Una alternativa más.

Esa es precisamente la mayor diferencia, y la carta ganadora, del logotipo rojo de los de California. No necesitan que el usuario diga, como en otros servicios, que está en Facebook, en Twitter o en LinkedIn. Está, incluso si no lo dice. Y va tejiendo la maraña, incluso si no sabe para qué sirve hacer +1 en un resultado de una búsqueda. No se puede hacer clic en “Me gusta” cuando se busca en Google, ni hacer retweet de un resultado; no digamos ya recomendarlo como posible debate. Pero sí se puede dar al botón mágico de Google cuando se busca Facebook, Twitter o LinkedIn. Por eso no es cuestión de cuánto tiempo se use cada mes la parte de Google+ enfocada como red social, sino el tiempo que cada usuario, de forma consciente o inconsciente, interactúa ya en el Plus.